Homilia 14 de junio 2009. desde Roma
Dissabte, Juny 13, 2009UN SALUDO DESDE ROMA. MAÑANA SALIMOS HACIA NÁPOLES.
EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO.
La fiesta de hoy es de alguna manera complementaria del Jueves Santo. Es una fiesta centrada en lo que celebramos los cristianos, especialmente el domingo, la Cena del señor. La eucaristía es nuestra acción de gracias por el don de la vida de Cristo ofrecida para vida nuestra. Una vida entregada, que es una invitación a hacer nosotros lo mismo: darnos como Cristo se nos dio.
Leí que un maestro de vida interior decía que “una buena comunión con el Señor” no se cualificaba como tal por la fuerza emocional que provocara en nuestro interior, sino por el grado de compromiso que derivaba de haber comulgado. Estar unido al Señor y no estarlo a sus miembros, los humanos que Él con su encarnación asumió, es una contradicción. Como tampoco deberíamos decir “Padre nuestro”, si no nos esforzamos en vivir como hermanos.
Lo mismo una buena celebración de la Eucaristía no se mide por la gente que asiste, ni por los cantos o la homilía, sino por el grado de implicación a favor de los más débiles y necesitados que adquieren los que participan en ella.
Agradecemos su presencia real en el pan y el vino, su cuerpo y sangre entregados, pero esta presencia nos recuerda también todo lo que dijo e hizo. Vino a servir y no a ser servido, vino a enseñarnos el camino que nos lleva a la casa del Padre, que no es más que un camino de confianza y de entrega a este Dios que tanto nos ama.
Agradecemos su presencial real en la Eucaristía, pero ésta es el “memorial” de su pasión, muerte y resurrección. Así lo proclamamos. Lo hacemos en memoria suya, no sólo recuerdo, sino sacramento que nos santifica.
Agradecemos su “nueva y definitiva alianza” sellada con su sangre, con su vida, alianza que nos abre la plena comunión con Dios Padre, por mediación de su Hijo, Dios verdadero, hombre verdadero.
Uniéndose Él a nuestra naturaleza nos da acceso a los misterios del mismo Dios.
Agradecemos su presencia real y el poder recibir “el Pan de Vida”.
P. Miguel Bonet Nicolau C.R.
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