HOMILIA. VI DOMINGO DE PASCUA
Diumenge, Maig 24, 2009Homilía
17 de mayo de 2009 - VI Domingo de Pascua
El texto del evangelio es continuación del que se proclamaba el domingo pasado, la alegoría de la vid y los sarmientos. Son estos discursos de despedida que el evangelista narra en el marco de la última Cena. Jesús ha lavado los pies a sus discípulos a la vez que les invita a que ellos tomen ejemplo y hagan lo mismo. Les invita a tener parte en su reino, a estar unidos a él, a permanecer en él a fin de que puedan dar fruto y Dios Padre reciba gloria por ello.
El amor del que nos habla Jesús no es sólo un sentimiento, una emoción, es sobre todo obra de la voluntad de entrega: dar la vida por los amigos. Es él que nos ha elegido, el que ha tomado la iniciativa y quiere que fructifique. En nosotros esté el corresponder a este amor y a la vez amar al prójimo como Cristo nos ama, ofreciendo nuestra vida. Sirviendo como el nos sirve, amando como él nos ama.
Esta íntima unión que hay entre Cristo y Dios Padre la quiere también para sus amigos, para nosotros, lo dirá más adelante en el capítulo 17 en lo que se conoce como la gran plegaria sacerdotal: Que sean uno como tu y yo somos uno, para que el mundo crea.
La voluntad de Dios es la vida del hombre, su salvación y es por eso que nos invita a permanecer unidos a él que es la Vida. En esta entrega y en este compartir nos llevará a la alegría plena.
Desde esta unión con Cristo y los cristianos surge esta confianza de que lo que pidamos al Padre en nombre de Cristo nos lo concederá, porque el que ama no pedirá nada malo, ni para él ni para el hermano.
Un poco raros somos los cristianos en medio del mundo si de verdad llevamos hasta las últimas consecuencias el mandato de Cristo. Porque amar a Dios y al prójimo como Cristo nos mandó, sólo es posible desde la fuerza de su espíritu que viene en ayuda de nuestra debilidad.
De nuestra parte está el corresponder a la gracia de este Espíritu, a la elección de Cristo, amando como él nos ama.
“Habéis oído que se dijo a los antiguos “Ojo por ojo y diente por diente” Mas yo os digo no hagáis frente al malvado… Yo os digo amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen… Perdonad y seréis perdonados, dad y se os dará…
Tantas máximas evangélicas podríamos recordar… Y no olvidemos que en el mundo estamos llamados a ser sal, para que los hombres puedan encontrar el gusto por las cosas de Dios… Ser luz para que no tropecemos y poder gozar de la belleza de todos los bienes que Dios ha puesto en nuestras manos…
Permanezcamos en esta elección, esta predilección que Cristo tiene con cada uno de nosotros.
P. Miquel Bonet C.R.
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